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La conducta suicida, es establecida en el mundo, como una de las primeras causas de morbimortalidad. Según la Organización Mundial de la Salud, “entre los años 1990 y 2020, el número de suicidios aumentará de manera que de 593.000 pasará a 995.000” (Rice & Miller, 1994). Si nos remitimos a las bases y datos de las tasas de suicidio en los últimos años, en Colombia, no existen registros confiables; sin embargo, según las estadísticas del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, nuestro país presenta una tasa anual de cinco suicidios por cada 100.000 habitantes (Sánchez & del Rosario, 2011). El comportamiento de suicidio en Bogotá parece mostrar una tendencia al aumento; se considera que se presenta un suicidio cada 24 horas, sin incluir en este cálculo los casos de suicidio no informados ni los intentos fallidos. En adolescentes, el suicidio causa alrededor del 12% de las muertes en este grupo etario; sí bien en niños menores de 12 años es poco frecuente, se observa una tendencia a la aparición temprana de esta problemática (Sánchez & del Rosario, 2011).

El psicólogo Fernando Beltrán, Especialista en desarrollo humano y creatividad, presenta una propuesta de intervención terapéutica basada en la creatividad y el arte como forma de abordaje preventivo dirigido a padres y cuidadores. Al respecto se expone la postura de profesionales en salud mental fundamentándose en los principios del contextualismo funcional y relacionándolo con las técnicas propias de las terapias de tercera generación.

Desde el abordaje terapéutico, se ha planteado que la mayoría de las personas buscan evitar o escapar de lo que les produce malestar o sufrimiento psicológico, y sí éste es crónico y generalizado, la conducta suicida puede convertirse en un mecanismo de evitación experiencial que deriva en un riesgo inminente. Cuando todas las estrategias de afrontamiento fallan, las personas pueden encontrar el suicidio como último escape al dolor aparentemente intolerable (Shneidman, 1993 citado en Luoma y cols., 2012).

Es por esto que los consultantes con riesgo suicida son atrapados normalmente en gratificaciones inmediatas, lo que evita poder orientarse a objetivos, guiarse por consecuencias a largo plazo y tener claro lo que es valioso para cada uno de ellos (Luoma y cols., 2012).

¿Cree usted que para la intervención de este patrón conductual, el arte, en sus diferentes manifestaciones, y la literatura cumplen un papel relevante?, de ser así, ¿cuál sería la finalidad planteada desde las estrategias terapéuticas de tercera generación enfocadas a la atención plena y la clarificación de valores?

 Dos terapias que se han aplicado en el tema de las tendencias suicidas son: la terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la terapia conductual dialéctica (DBT) (Linehan 1993), las cuales incluyen la construcción de repertorios positivos de comportamiento, ligado a valores de vida y metas (tangibles e intangibles), además de su enfoque en la atención y la aceptación.

Desde este punto de vista, la atención plena permite ayudar a los consultantes a ponerse en perspectiva ante sus patrones habituales de responder y lograr actuar, guiados por consecuencias a largo plazo, con elecciones de vida orientadas hacia sus objetivos y valores. Sería relevante entonces, considerar el arte como un medio de apoyo por el cual se entrene la habilidad de centrarse en el momento presente desde una postura contemplativa y de facilitar la expresión de los eventos privados a través de la descripción sin juicios.

En ese orden de ideas, el rol del psicólogo ante la problemática de suicidio es fundamental al igual que el papel que juega la familia como una red de apoyo invaluable para el consultante, por tanto prevenir la conducta suicida debe considerar la evaluación del entrenamiento por parte del psicológo (Florenzano y cols., 2011) puesto que en muchas ocasiones, el profesional puede presentar juicios de valor y temores frente al abordaje en cuanto a la responsabilidad y riesgo que implica la intervención de dicho comportamiento, especialmente al referirnos a niños y adolescentes. Así mismo, los psicólogos estarían llamados a explorar e implementar alternativas creativas en la terapia que favorezcan la flexibilidad psicológica y de esta manera el logro de los objetivos terapéuticos.

 

Referencias

Florenzano, R., Valdés, M., Cáceres, E., Santander, S., Aspillaga, C., & Musalem, C. (2011). Relación entre ideación suicida y estilos parentales en un grupo de adolescentes chilenos. Revista médica de Chile139(12), 1529-1533.

García, Palacios, A., Botella, C., Navarro, M., & Heliodoro, Marco, J. (2012). Aplicación de la terapia dialéctica comportamental en un caso de anorexia nerviosa y trastorno límite de la personalidad resistente al tratamiento: un estudio de caso con seguimiento a los 24 meses. Revista Argentina de Clínica Psicológica21(2), 121-128.

Luoma, J. B., & Villatte, J. L. (2012). Mindfulness in the treatment of suicidal individuals. Cognitive and behavioral practice, 19(2), 265-276.

Linehan, M, M. (1993). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. Guilford Press.

Rice, D.P. &  Miller, L.P. (1995)  The economic burden of affective disorders. British Journal of  Psychiatry, 27, 34-42.

Cerna,Sánchez, E. (2011). Nivel de riesgo suicida en la población adolescente escolar de la IE Nº 3051 del AA. HH. El Milagro de Lima Metropolitana e IE Nº 21554 del Centro Poblado Palpa-Huaral, Lima.

Créditos

Elaborado por: Adriana Marcela Peña, Luz Andrea Castillo Sánchez y Tatiana Izquierdo Castro. Psicólogas especialistas en psicología clínica infantil, adolescente y familia.

Revisado y adaptado por comité editorial Especialización en psicología clínica infantil, del adolescente y la familia. Aprobado para uso del Blog del Centro de Psicología Clínica.

Publicado por Diana Garcia El día 09/01/2016 Enlace permanente Comentarios (0)